
Lo que el crecimiento hace posible
Lo que empezó como un compromiso con una educación de calidad se ha convertido en un motor para impulsar el liderazgo femenino.
La transformación no termina cuando una Joven Pionera se gradúa, es tan solo el inicio.
Graduarse del Colegio Impacto de MAIA marca un logro importante, y para las Jóvenes Pioneras este no es el final del camino. Lo que viene después —la universidad, el primer empleo formal o el primer proyecto propio— es cuando ponen en práctica todo lo que han construido durante años: pensamiento crítico, liderazgo, resiliencia y autodeterminación para tomar decisiones sobre su propio futuro. Lo que viene después —la universidad, el primer empleo formal o el primer proyecto propio— es cuando ponen en práctica todo lo que han construido durante años: pensamiento crítico, liderazgo, resiliencia y autodeterminación para tomar decisiones sobre su propio futuro.
Es también en esa etapa cuando la transformación se vuelve más visible. Jóvenes mujeres que, muchas veces por primera vez en sus familias, tienen la oportunidad de elegir qué camino quieren seguir y cuentan con las herramientas para hacerlo.
Esa decisión no ocurre por casualidad. Detrás de cada paso hay una red de apoyo que continúa mucho después de la graduación. En 2025, a través del Programa de Éxito Postsecundario, brindamos 508 horas de asesoría académica y profesional a Jóvenes Pioneras egresadas. Esa orientación continua para las diferentes generaciones de egresadas hoy se refleja en resultados concretos: el 59% de las egresadas de MAIA trabaja en empleos formales y el 57% cursa estudios universitarios.
Pero más allá de las cifras, están las historias de Erika, Rosangela, Saudi y Susana. Cuatro caminos diferentes que muestran lo que sucede cuando una joven puede construir el futuro que imagina para sí misma.
A mediados de 2025, Erika terminó una pasantía a la que aplicó como parte del Programa de Éxito Postsecundario. Poco después, su asesora le compartió una nueva oportunidad: aplicar a un puesto de tiempo completo como asistente administrativa en SHARE, una organización aliada. El empleo estaba en San Lucas Sacatepéquez, a dos horas de su comunidad y de su familia.
Aceptar significó mucho más que conseguir un trabajo.
«Si pienso en mí de hace un año, no hubiera imaginado que podía vivir sola, administrar mi propio dinero, apoyar a mi familia y también estudiar los fines de semana», cuenta Erika.
Hoy estudia administración de empresas en la Universidad del Valle de Guatemala, mientras que en su trabajo coordina jornadas de capacitación para los beneficiarios de la organización. Una de las cosas que más disfruta es descubrir cómo lo que aprende en la universidad cobra sentido en su trabajo a diario.
Su experiencia también ha despertado la curiosidad de otras jóvenes de su comunidad.
«Mis primas y otros familiares me preguntan cómo es trabajar fuera de la comunidad. Yo les digo que me siento motivada y orgullosa de lo que estoy logrando. También siento una gran responsabilidad porque sé que las jóvenes más pequeñas me están viendo.»
Su sueño es regresar todo ese aprendizaje y experiencia a Sololá y contribuir a crear más oportunidades para las mujeres de su comunidad.
Cuando Rosangela se graduó del Colegio Impacto de MAIA en el 2021, todavía no tenía claro qué quería estudiar. Mientras su familia imaginaba un futuro en medicina, ella sentía interés por un área más creativa.
La respuesta llegó durante una pasantía gestionada a través del Programa de Éxito Postsecundario. Ahí descubrió que disfrutaba trabajar con análisis y finanzas, y encontró en la carrera de marketing la combinación perfecta entre creatividad y estrategia.
Rosangela es la quinta de siete hermanos y la primera de su familia en llegar a la universidad. Recientemente obtuvo un título técnico en administración de empresas, en la Universidad del Valle de Guatemala, y hoy trabaja como asistente en el área administrativa en la organización aliada, Puente de Amistad. Su siguiente meta es completar la licenciatura y, más adelante, estudiar una maestría.
«Ver a mis papás y a mis hermanos emocionados en mi graduación fue muy especial» , recuerda Rosangela
Su camino no estuvo libre de cuestionamientos. En su comunidad hubo quienes comparaban sus decisiones con las de otras jóvenes que se casaron antes de los 20 años.
«Me criticaban por seguir estudiando, pero ahora me ven apoyando la educación de mis hermanos y estudiando en una universidad reconocida. Poco a poco eso también ha cambiado la manera en que ven las cosas.»
Para Rosangela, su historia demuestra que los sueños pueden tomar formas distintas.
«Todas somos inteligentes y todos los sueños requieren esfuerzo. Yo lo estoy logrando y quiero inspirar a más mujeres a perseguir aquello que realmente les apasiona.»
Elegir una carrera tampoco fue sencillo para Saudi…
Con el acompañamiento de su coach del Programa de Éxito Postsecundario, exploró sus intereses, habilidades y fortalezas hasta descubrir que quería estudiar ingeniería en sistemas, un campo con grandes oportunidades y en el que aún hay pocas mujeres.
Su familia no conocía mucho sobre la carrera, pero la apoyó desde el primer momento.
«Saber que todavía somos pocas mujeres estudiando ingeniería también me motivó. Necesitamos más mujeres en las ciencias y la tecnología.»
Al comenzar la universidad, recibió una sorpresa: encontró a tres egresadas de MAIA que estudiaban la misma carrera.
Saudi también ha inspirado cambios en su propia familia. Es la menor de tres hermanos, y verla asumir este reto motivó a sus hermanos mayores a continuar con sus estudios. Hoy, además, sus primas menores la buscan para pedirle ayuda con tareas de matemáticas y ciencias.
Su meta es graduarse de la Universidad del Valle de Guatemala, trabajar en desarrollo de software y, en el futuro, acceder a oportunidades de estudio en el extranjero.
Hace tres años, Susana comenzó una pasantía en Mercado Global, que conecta a grupos de mujeres Indígenas artesanas con el mercado internacional. Hoy trabaja como facilitadora y educadora en esta organización, visitando comunidades en Sololá, Chimaltenango y Quetzaltenango.
Al inicio, el desafío parecía enorme.
Con apenas 19 años, debía capacitar acerca de procesos nuevos con mujeres artesanas mayores de 40; muchas de ellas dudaban de que una joven pudiera guiarlas.
«Esa presión me hizo recordar todo lo que aprendí en MAIA y confiar en el poder de mi propia voz.»
Hablarles en Kaqchikel, su lengua materna, también le permitió construir relaciones de confianza y cercanía.
Cuando piensa en lo que más le ha servido en su trabajo, Susana menciona el liderazgo, la comunicación, la resiliencia, la inteligencia emocional y las redes de apoyo que construyó durante su paso por MAIA.
Actualmente Susana estudia Psicología Clínica en la Universidad Mariano Galvez y sueña con acompañar a jóvenes que atraviesan procesos emocionales complejos.
“Hoy me siento una mujer empoderada, no solo en mi trabajo o en mis estudios, sino también en cómo me he abierto puertas en comunidades que antes no imaginaba que lograría conocer.”
Erika, Rosangela, Saudi y Susana tomaron caminos distintos —el empleo, obtener un título a nivel técnico, estudiar ingeniería, el liderazgo comunitario—, pero comparten algo en común: todas rompieron una barrera que nadie en su familia había roto antes.
Todas enfrentaron dudas, comentarios o miedos, y todas encontraron en su voz empoderada la fuerza para seguir adelante y construir su propio camino.
En MAIA, ese camino gira alrededor de cuatro metas:
Más que metas independientes, son los pilares que acompañan a cada egresada mientras construye el futuro que elige para sí misma.
Las historias de Erika, Rosangela, Saudi y Susana nos recuerdan que la graduación no es el final, sino el comienzo de nuevas oportunidades. Tú puedes ser parte de ese siguiente paso.
Al unirte a nuestro programa de donación recurrente, ALIANZA, con una donación mensual de US$25 o más, te sumas a una comunidad de personas valientes y visionarias que cree en el potencial de las Jóvenes Pioneras y en el poder de acompañarlas mientras construyen el futuro que eligen para sí mismas.
Tu apoyo impacta a que más egresadas accedan a estudios universitarios, encuentren oportunidades de empleo, fortalezcan su liderazgo y cuenten con una red que las respalde en cada nueva etapa. Ese impacto va más allá de una sola joven: llega a sus familias, sus comunidades y a las generaciones que vienen detrás.

Lo que empezó como un compromiso con una educación de calidad se ha convertido en un motor para impulsar el liderazgo femenino.

La mentoría, la confianza y el acompañamiento fortalecen a las familias para construir nuevas oportunidades junto a sus hijas.

Buscamos mujeres Indígenas y hombres que deseen desarrollarse profesionalmente dentro del ámbito educativo.
Every year at the MAIA Impact School, we welcome a new generation of Girl Pioneers. It is a transformative journey that changes the trajectory of the future of their lives, families, and the broader community.
With your investment, these remarkable young women will break cycles of poverty and build a brighter future.